Origen y desarrollo de la Agricultura

 

Trabajo elaborado por:

Luis Ortiz Catedral

Alumno del ciclo 2000-A

I. introducción

 

     El hombre como ser vivo se encuentra incluido en un ecoespacio del que obtiene los satisfactores necesarios para su subsistencia. Este hecho implica una serie de interrelaciones simbióticas y coevolutivas entre el hombre y el ambiente, que se han desarrollado en diferentes direcciones a través del tiempo    (Bye, 1993; Hernández, 1991; Hernández, 1993; Granados, 1993),  y en varios niveles de organización (e.g. individual, ecosistema, comunidad) (Bye, 1993). Este fenómeno es especialmente evidente en la relación del hombre con las plantas, como lo demuestra la gran cantidad de especies de  plantas utilizadas por los grupos indígenas de México hoy en dia: aproximadamente 5,000 de las 30,000 especies registradas para el país (Bye, 1993). Otro ejemplo lo constituyen los grupos aborígenes de Australia que utilizan entre 74 y 250 especies vegetales dependiendo de la zona, para su alimentación ( Harlan, 1975 citado en Querol s.a. ). Además, existen evidencias arqueológicas y fósiles que demuetran el uso de las plantas desde hace miles de años en Norteamérica ( Castetter et al., 1938 citado en Granados, 1993; Malde, 1964; Alejandre y Gómez, 1986; Burenhult, 1993) Mesoamérica ( Coe y Flannery, 1964; Bye, 1993; Turner y Miksicek, 1984; Nee, 1990; Bell y Walker, 1992; Harlan, 1992; Ludlow-Wiechers y Ayala-Nieto 1992; Zola, 1992; Hernández, 1993; Burenhult, 1993) Sudamérica  (Burenhult, 1993;)  Asia, Europa (Bell y Walker, 1992; Boyden, 1992; Burenhult, 1993) y Africa (Boyden, 1992; Burenhult, 1993). En este escenario se han originado múltiples manifestaciones del vínculo hombre-planta, como la expresión linguística del universo vegetal que lo rodea  (Bye, 1993; Barrera, 1994), representaciones pictóricas (Fig.1), uso de plantas con propiedades curativas, diferenciación de plantas venenosas y alimenticias (Querol s.a.)  y la integracion de los elementos externos en las concepciones religiosas de los pueblos (Broadbent et al., 1993) con el consecuente enriquecimiento cultural de los grupos humanos (Querol s.a. ;  Bye, 1995). Además ha dado origen a uno de los fenómenos culturales más imporantes para la especie humana: la domesticación de las plantas a través de la agricultura.

II.  ORIGEN E HISTORIA DE LA  AGRICULTURA

Desde una perspectiva biohistórica, el desarrollo cultural del hombre puede ser clasificado en cuatro fases de acuerdo con Boyden (1992):

Figura 1. Pintura realizada  por los indios navajo que representa al dios del maíz. Evidencia del estrecho vínculo del hombre con las plantas. (Tomado de Enciclopedia Autodidáctica Oceano, 1994).

Fase uno: Fase de caza-pesca-recolección

Fase dos: Fase de agricultura temprana

Fase tres: Fase de desarrollo urbano temprano

Fase cuatro: Fase de desarrollo urbano de "alta energía"   (Transición industrial).

                                                                                     

     Es evidente que cada fase implica una interacción diferente con el ambiente y como consecuencia un distinto grado de desarrollo cultural. El siguiente análisis está enfocado en las dos primeras fases.

 

Caza-Pesca-Recolección

    Los cazadores-recolectores han habitado diversos ecosistemas como los bosques tropicales, las sabanas, las zonas áridas, bosques templados e incluso las planicies frías del Hemisferio Norte ( Boyden, 1992; Broadbent et al, 1993 ). En el contexto ecológico, estos hombres representan consumidores de primer orden (alimentándose de vegetales), secundarios (carne) y en menor medida terciarios (consumiendo carne de animales carnívoros) (Boyden, 1992), son usualmente nómadas aunque pueden establecer asentamientos temporales de duración variable (Fig 2.). Un comportamiento extendido y con evidencias arqueológicas y fósiles tempranas es el uso del fuego para conducir grandes animales a sitios más apropiados para la caza (Boyden, 1992) o como elemento de clareo para hacer las presas más visibles (Broadbent et al, 1993).

 

   

    Figura 2. Pigmeos. Estos cazadores-recolectores construyen campamentos en las selvas ecuatoriales africanas (Tomado de Enciclopedia Autodidáctica Oceáno, 1994)

 

La organización social de estos pueblos es en bandos o pequeños grupos donde existen categorías jerárquicas basadas en la edad, el sexo y la experiencia en determinada actividad (caza, pesca o recolección de frutos ) (Boyden, 1992). Estos grupos estan en contacto con una gran variedad de plantas de las que dependen para subsistir (Harlan, 1975 citado en Querol s.a. ; Broadbent et al., 1993). La recolección selectiva de estas plantas incluye tambien especies medicinales. El conocimiento de sus propiedades  curativas  es  transmitido  de generación en generación  por vía lingüística. Este conocimiento etnomédico es muy extenso en algunos grupos y su depositario es el brujo o hechicero (Querol s.a. ). MacNeish (1967) y Flannery (1986) (citados en Hernández y Zárate, 1991) proponen a ésta como la primera etapa del origen de la agricultura; se caracteriza por ser un proceso simbiótico entre una población de cazadores-recolectores y la flora prevaleciente, donde se van identificando las especies favorables para la subsistencia.

 

Figura 3. La recolección de frutos sigue siendo una actividad cotidiana para numerosos pueblos africanos (Tomado de Burenhult et al. 1993).

 

 

     Durante la mayor parte de la existencia del hombre sobre la tierra la caza-pesca-recolección ha sido el modo de vida prevaleciente y representa la adaptación más exitosa de los humanos al medio (Lee y Devore, 1968 citados en Querol s.a.). Prueba de esto es el hecho de que hoy en día existen numerosos grupos de cazadores-recolectores en el mundo (Figs 3 y 4), muchos de los cuales han rechazado la agricultura en las zonas donde viven porque significa una disminución en su calidad de vida (Stein y Rowe, 1974). En efecto, la búsqueda y selección de plantas comestibles implica para algunos grupos menos tiempo aún en zonas desérticas en contraste al tiempo de trabajo requerido para cuidar un cultivo (Lee y Devore, 1968 citados en Querol s.a. ; Broadbent et al., 1993).

Figura 4. Cazador africano (Tomado de

     Enciclopedia Autodidáctica Océano, 1994)

 

La transición

El cambio de un hábito de caza-pesca- recolección a uno de agricultura es considerado uno de los eventos de  mayor trascendencia en la historia humana (Meggers, 1954; Coe y Flannery, 1964; Stein y Rowe, 1974; Querol s.a.; Bell y Walker, 1992; Broadbent et al., 1993). Esta innovación cultural debe analizarse como un gradiente de intensificación paulatina de las relaciones entre los hombres y el entorno ecológico (Bell y Walker, 1992). El hecho de que el cambio se haya dado aproximadamente al mismo tiempo en muchas partes del mundo, sugiere que detrás de este fenómeno se encuentran factores promotores comunes (Broadbent et al., 1993). Sin embargo como se mencionó anteriormente,  no ha tenido el mismo impacto ni el mismo significado para todos los grupos humanos.

 

     La transición implica una secuencia de cambio gradual que inicia con la siembra de algunas semillas de plantas útiles en la inmediata vecindad del campamento de cazadores-recolectores (Querol s.a.). Este hecho representa el establecimiento de un microambiente antropógeno con presiones de selección naturales y culturales: el agrohábitat (Coe y Flannery, 1964 ; Hernández y Zárate, 1991; Rendón y Núñez-Farfán, 1998) y es la culminación de la secuencia  que de acuerdo con MacNeish (1967) y Flannery (1986) (ambos citados en Hernández y Zárate, 1991)  es la siguiente:

 

1.      Periodo de simbiosis entre cazadores-recolectores y la flora circundante. En esta fase  los hombres adquieren un amplio acervo sobre características biológicas de las plantas  que se perfilan como las más favorables.

2.      Aumento del acervo previo mediante una utilización más ordenada de los recursos biológicos.

3.      Una mayor atención hacia las especies proveedoras promovido por  un cambio climático dramático (e.g. cambio en la ocurrencia y cantidad de lluvia) y el inicio de una modificación microambiental en favor de las especies seleccionadas.

4.      Establecimiento del agrohábitat y selección de las especies en este escenario.

 

     Una de las teorías acerca de los agentes promotores de la agricultura involucra el cambio climático sufrido al final del último periodo glacial registrado en el Neolítico, que se sugiere provocó una sequía prolongada (Molden, 1964). Este cambio climático (inferido a través de la secuencia polínica en perfiles de suelo) durante la transición Pleistoceno-Holoceno, disminuyó el volumen de algunos cuerpos de agua exponiendo los fértiles sedimentos propicios para el cultivo. Evidencias de lo anterior han sido documentadas para el área de Catal Hüyük en Asia (Roberts, 1989 citado en Bell y Walker, 1992).  Es posible también que cambios en la composición florística cerca de los asentamientos humanos hayan promovido la preferencia de algunas especies sobre otras (Hernández, 1993). Sin embargo estamos lejos de entender claramente el fenómeno completo (Bell y Walker, 1992; Broadbent et al., 1993).

     Es necesario resaltar que el inicio del proceso de domesticación no se desarrolló únicamente en respuesta a presiones de subsistencia, también es un proceso social y simbólico en el que la naturaleza es integrada a un sistema cultural y social (Bell y Walker, 1992). Debido a esta situación, es importante tener en mente que los cazadores recolectores del Mesolítico presentaban una organización social más compleja que sus antecesores del Paleolítico, basada en un esquema de subsistencia más especializado. Estos grupos tenían entonces las características más favorables para desarrollar un sistema de producción de alimentos (Broadbent et al., 1993).

Consolidación de la Agricultura

     El establecimiento del agrohábitat, como marco de desarrollo y producción de las especies vegetales seleccionadas implica la participación del hombre en uno o varios estados del ciclo de vida de las plantas (Bell y Walker, 192; Querol s.a.) obteniendo uno o varios productos en diferentes etapas del cultivo. La modificación genética resultante produce genotipos que van siendo eliminados o retenidos de acuerdo a sus características de desarrollo en el agrohábitat, el tamaño y sabor de los frutos, facilidad de cosecha entre otras (Hernández, 1993). Así, la dirección del cambio evolutivo tiende a formar poblaciones vegetales totalmente dependientes del hombre para su sobrevivencia (Ladizinsky, 1985; Harlan, 1992). Al parecer el cambio en la forma de dispersión de frutos y semillas y la reducción en la latencia de estas últimas son las características que se modifican más rápidamente en plantas sometidas a la selección humana (Ladizinski, 1985).

Figura 5 . Agave. Algunos autores sugieren que el hombre utiliza esta planta desde hace 9 000 años. (Tomado de  CEMEX, 1996).

     Cabe aclarar que la prolongada coexistencia del hombre con muchas especies vegetales no resulta necesariamente  en la domesticación. Tal es el caso de muchas gramíneas, cuyos frutos han sido colectados como alimento por miles de años y de las cuales no existen formas domesticadas (Harlan, 1992). Otro ejemplo lo constituyen numerosas plantas utilizadas como medicina  y que se obtienen directamente de su medio natural (Bye, 1993). No existe consenso sobre la antigüedad de la agricultura, sin embargo los restos arqueológicos sugieren que no tiene más de 10 000 años (Ladizinsky, 1985; Burenhult, 1993). Los sitios con evidencias más antiguas son Cayönü y Jerico en Asia, con restos de lentejas de hace 7 000 años, y en América los restos de calabazas y fríjol encontrados en la Cueva de Ocampo al norte del México de la misma antigüedad, y en Tehuacán fragmentos de maíz de entre 5 000 y 6 000 años (Bell y Walker, 1992; Chapman, 1992; Goodman, 1995; Iltis, 2000). Las investigaciones realizadas en esta última localidad han confirmado que México representa una de las regiones más importantes a nivel mundial como centro de origen y diversificación de especies cultivadas. En la parte seca del país, las plantas suculentas han sido fundamentales en el establecimiento y desarrollo de los grupos humanos ahí asentados. Prueba de esto son los restos de Agave (Fig. 5) (Granados, 1993)  y nopal (Fig. 6 ) (Pimienta, 1990; Granados, 1991) y reportados para esta región, así como numerosas especies de calabaza (Figura 8) (Nee, 1990).

Figura 6 . El nopal (Opuntia sp) ha sido fundamental en el desarrollo de las culturas de la parte centro-norte de México (Tomado de  Arreola, 1995 )

La relación del hombre con plantas del género Agave ha dado lugar a múltiples formas de preparación de los azúcares de la planta como bebida, aprovechamiento textil y otras manifestaciones culturales (Bye, 1993; Granados, 1993; Wienk, 1995). Se ha sugerido que el hombre hace uso de los agaves desde hace 9 000 años, sin embargo esta afirmación es controvertida (Granados, 1993). Independiente del centro y norte de México, el área maya de los estados de Yucatán, Quintana Roo y Chiapas,

presenta muchas evidencias de manejo de la vegetación selvática con fines de aprovechamiento (Turner y Micksicek, 1984; Gómez-Pompa, 1991; Zola, 1992) y de domesticación de especies por este grupo étnico, como el cacao (Fig. 8 ), calabaza y chiles (Figs. 9 y 10) (Turner y Miksicek, 1984; Burenhult et al., 1993).

Las diferencias más evidentes

Figura 7 . Amaranto (Amaranthus sp). La disminución de su cultivo en México se debió a motivos religiosos. (Tomado de Burenhult, 1993).

de las plantas domesticadas en relación a sus ancestros  silvestres son de tipo morfológico (e.g. mayor tamaño de las partes comestibles, mayor vigor) y genético (formas poliploides, genotipos recesivos etc) (Ladizinsky, 1985; ), sin embargo el uso de estas especies por los hombres también ha cambiado de acuerdo al desarrollo cultural de los pueblos. Por esta razón, el uso de algunas especies en la actualidad tiene fines distintos a los originales. Un ejemplo lo constituye el maíz que se sugiere fue cultivado inicialmente como fuente de azúcar, mediante el consumo de los tallos jóvenes, costumbre realizada actualmente en algunas partes de México, y no para obtener grano.

     Los frutos en las formas silvestres son muy pequeños y su aumento en tamaño y número es una modificación antropogénica reciente (Iltis, 2000). Otro caso interesante es el amaranto en México (Figura 7 ). Originalmente las semillas estaban ligadas a numerosas festejos religiosos sin embargo debido al carácter violento y pagano de estas ceremonias, la iglesia española suprimió casi por completo su cultivo, durante la conquista. Actualmente se cultiva en el centro de México y se elaboran dulces con sus semillas (Alejandre y Gómez, 1986).

Consecuencias ecológicas

Figura 8. Cacao (Theobroma cacao). Los primeros en domesticar esta planta fueron los mayas (Tomado de Burenhult, 1993).    

    

Las consecuencias derivadas de la nueva innovación adaptativa que representa la agricultura no ha impactado únicamente la organización ecológica de los ecosistemas sino también la estructura social de los pueblos involucrados Sin embargo debido a que esta estructura es resultado de interacciones ecológicas del hombre con el ambiente también se consideran brevemente dentro de este apartado. Las características de producción  de la agricultura permiten la subsistencia de grupos humanos de mayor  tamaño que los de los cazadores recolectores (Bell y Walker, 1992; Broadbent et al.,1993). Este crecimiento de la población  aumenta la presión demográfica y modifica las características conductuales de los humanos desarrollándose comportamientos de defensa o control personal de un territorio en los asentamientos y el surgimiento de armas de combate ceremonial como símbolo de poder y dominancia que cambia a su vez otros aspectos de la vida de los hombres, como la declinación del estatus de la mujer en la sociedad y la especialización de otros humanos en actividades diferentes a la producción de alimentos (Broadbent et al., 1993). Además en estos grupos sedentarios surgen problemas de higiene como resultado del gran número de personas que comparten la misma área para vivir y el almacenaje de granos y otros alimentos excedentes que atraen vectores de bacterias (como ratas y ratones ) y otros patógenos (Broadbent et al., 1993).

Figura 9. Numerosas especies de calabaza (Cucúrbita spp) han sido domesticadas por el hombre en  distintas regiones (Tomado de Broadbent, 1993).

Otro aspecto  es el relacionado con el manejo de las cosechas y el almacenaje. La dependencia de sólo algunos productos obtenidos mediante la agricultura, hace a las sociedades agrícolas más vulnerables a cambios metereológicos bruscos, como lluvias, inundaciones, sequía o nieve (Broadbent et al., 1993). Es quizá por esta razón que muchos grupos humanos cultiva algunos productos y recolectan otros, además el desarrollo del intercambio comercial y la resultante obtención de distintos productos de otras regiones puede mitigar este problema.

Debido a que en las distintas regiones del mundo los humanos tuvieron acceso a diferentes especies para domesticar  (que implica condiciones de cultivo también diferentes) las técnicas e instrumentos para el cultivo desarrollados son muy heterogéneos entre sí, así como la percepción de las especies seleccionadas. Por esta razón encontramos diferentes grados de desarrollo cultural entre los pueblos a pesar de que el inicio de la agricultura se dio aproximadamente en el mismo tiempo. Existen trabajos que analizan este fenómeno a profundidad (Birdsell, 1953; Meggers, 1954; Boyden, 1992).

Figura 10. Chile (Capsicum spp) existe una gran variedad de estos frutos en México (Tomado de Broadbent et al., 1993).

     En relación al impacto de las nuevas actividades humanas en los ecosistemas, la redistribución de animales y plantas de acuerdo a su importancia desde una perspectiva humana (diferente a la sucesión natural de la zona) representa la primer modificación ambiental (Boyden, 1992). Este cambio puede hacerse por la eliminación de especies en favor de aquellas útiles con la tala y el uso del fuego o por la completa destrucción de la cobertura vegetal original para  transformarla en terrenos de cultivo.  Cabe mencionar que además de razones de utilidad existen aspectos religiosos y sociales que influyen en  la decisión, sobre la eliminación de especies (Gómez-Pompa, 1991). El fuego es uno de los elementos de uso más extendido y antiguo para este propósito (Rzedowsky, 1978; Bell y Walker, 1992; Boyden, 1992). Se ha argumentado que a pequeña escala los efectos no son tan graves y que incluso con el conocimiento empírico del manejo del fuego los hábitats resultan más productivos (Gómez-Pompa, 1991). Sin embargo con la expansión de los humanos y la creciente necesidad de suelos para los cultivos, los resultado son dramáticos (Figs 11 y 12).

 

Figura 11. El uso desmedido del fuego tiene efectos desastrosos en la vegetación natural (Tomado de Enciclo pedia Autodidáctica Océano, 1994).

Figura 12. La deforestación para fines agrícolas pone en peligro el patrimonio ecológico de la humanidad (Tomado de Enciclopedia Autodidáctica Océano, 1994).

El problema posterior de esta modificación es que la productividad y rentabilidad de estos terrenos disminuye de manera rápida, mientras que su formación es muy lenta. Alteraciones como esta a gran escala, causa pérdidas a veces irremediables de biodiversidad, alteran las propiedades físicas del suelo y los procesos hidrológicos a que esta sometido ocasionando erosión y cambio en la productividad de los organismos del suelo (Maass, 1995). Posteriormente estos cambios pueden alterar el régimen de lluvias, tanto su cantidad como su periodicidad que aunado al empobrecimiento progresivo de los terrenos tiene consecuencias desastrosas para los agricultores aumentando la pobreza, promoviendo el abandono de terrenos dada su poca rentabilidad, el desarraigo y en muchos casos migración a las ciudades o el extranjero.

 

Figura 13. La valoración del conocimiento empírico de los grupos indígenas del país puede dar soluciones a la problemática social cultural y económica de México (Zinacanteco de Chiapas) (Tomado de Enciclopedia Autodidáctica Océano).

     En los nuevos entornos creados , la fauna y la flora remanentes quedan expuestos a presiones de selección diferentes a aquellos experimentados anteriormente, muchas plantas conocidas como arvenses resultan favorecidas por este disturbio que semeja en muchos aspectos disturbios naturales, (como la caída de un árbol que abre espacios o los incendios no provocados) estas especies aprovechan la situación y se establecen (Rzedowsky, 1978).

     Un efecto sumado es la expansión resultante de los intercambios comerciales de numerosas especies que se desarrollan como plagas. A este respecto, las vías de comunicación también contribuyen. Así las características vegetales de algunos lugares en la actualidad son producto de disturbios causados por grupos humanos antiguos. Existen trabajos que documentan este caso para el área maya (Gómez-Pompa, 1991; Turner y Miksicek, 1984; Sola, 1992).  Finalmente es importante señalar que las múltiples culturas en México ligadas a la agricultura desde hace miles de años, pueden aportar valiosos conocimientos sobre manejo de vegetación, además las numerosas variedades obtenidas durante este tiempo representan valiosos acervos de recursos genéticos con potenciales de producción bajo el régimen climático, social y cultural del país (Mapes, 1991) (Fig 13).

Conclusiones

     El desarrollo de la agricultura representa una adaptación reciente a los cambios ocurridos en la biosfera. Esta modificación en el papel ecológico de los humanos ha tenido un impacto profundo en distintos niveles de la identidad religiosa cultural y social de los pueblos que la han experimentado. No obstante su reciente surgimiento, ha tenido efectos dramáticos a nivel global. El conocimiento y la valoración conjuntos de la biosfera y de los grupos humanos en distintas fases de desarrollo cultural debe ser la base para encontrar soluciones realistas a los problemas sociales y ecológicos derivados de esta innovación en la biología de nuestra especie.

BIBLIOGRAFIA

Arreola N. H. J. (1997). Formas de vida y características morfológicas. In Septién V. C. (dir. gral.) Suculentas mexicanas: cactáceas. CONABIO, SEMARNAP/PROFEPA,  UNAM, CUCC & CVS. México 27-35 p.

Alejandre I.G. & Gómez L. F. (1986). Cultivo del amaranto en México. Colección cuadernos universitarios: serie agronomía No. 12. Universidad Autónoma Chapingo.

     México 245 p.

Barrera A. (1994). La taxonomía botánica maya. In Llorente-Bousquets J.& Luna-Vega  I. Taxonomía biológica. Fondo de Cultura Económica y Universidad Nacional

     Autónoma de México. México. 27-37 p.

Bell M. & Walker J.C. M. (1992). Late quaternary environmental change: physical & human perspectives. Longman Scientific & Technical. Essex. 272 p.

Birdsell B. J. (1953). Some environmental and cultural factors influencing the structuring of australian aboriginal populations. In Bresler B. J. (ed) (1966). Human

     ecology: collected readings. Addison-Wesley Publishing Company, INC.  Massachusetts. 51-92 p.

 

Boyden S. (1992). Biohistory: the interplay between human society and the biosphere:   past and present. UNESCO Paris, and The Parthenon Publishing Group, New Jersey.    

    265 p.

 

Broadbent D. N., Burehult G.& Moreau M. (1993). Why only some became farmers: a global overview. In Burenhult G. (gral ed.). People of the stone age: the ilustrated history of humankind Vol. 2. Harper San Francisco. New York 187-201p.

 

Burenhult G. (gral ed.). (1993). People of the stone age: the ilustrated history of humankind Vol. 2. Harper San Francisco. New York 240 p.

 

Bye R. (1993). The role of humans in the diversification of plants in México. In Ramamoorthy T. P., Bye R., Lot A. & Fa J. (eds). Biological diversity of México:

     origins and distribution. Oxford University Press. New York. 707-732 p.

 

Bye R. (1995). Ethnobotany of the  mexican tropical dry forests. In Bullock S. T., Mooney H. A. & Medina E. (eds). Seasonally tropical dry forests.

     Cambridge University Press. Cambridge. 423-438 p.

 

CEMEX. (1996). Diversidad de flora mexicana. México. 191 p.

 

 Chapman G. P. (ed). (1992) Grass evolution and domestication. Cambridge University Press.Cambridge

 

Coe M. D. & Flannery V. K. (1964). Microenvironments and mesoamerican prehistory. In Bresler B. J. (ed) (1966). Human ecology: collected readings. Addison-Wesley Publishing Company, INC. Massachusetts. 93-103 p.

 

Enciclopedia Autodidáctica Océano. (1994). Tomo 5. Barcelona

 

Goodman M. M. (1995). Maize: Zea mays (Graminae-Maydae). In Smartt J. & Simmonds.  W (eds). Evolution of crop plants. 2nd  Longman Scientific & Technical. Essex. 192- 201 p.

 

Gómez-Pompa A. (1991). Learning from traditional ecological knowledge: insights from mayan silviculture. In Gómez-Pompa A., Whitmore T.C. & Hadley M. (eds).

     Rain forests regeneration and management. UNESCO, Paris and The Parthenon Publishing Group, New Jersey 335-341 p.

 

Granados S. D. (1993). Los Agaves en México. Universidad Autónoma Chapingo. Mexico. 252 p.

 

Granados S. D. & Castañeda A. D. (1991). El nopal: historia, fisiología, genética e importancia frutícola. Trillas, Mexico. 227 p.

 

Harlan J. R. (1992).  Origin and processes of domestication. In Chapman G. P.  (ed).Grass evolution and domestication. Cambridge University Press.Cambridge.

 

Hernández X. E. & Zárate A. M. A. (1991). Agricultura tradicional y conservación de  recursos geneticos in situ. In Ortega P. R., Palomino H. G., Castillo G. F., González H. V. A. & Livera M. M. (eds). Avances en el estudio de los recursos fitogeneticos de México. Sociedad Mexicana de Fitogenetica A.C. México 7-28 p.

 

Hernández X. E. (1993). Aspects of plant domestication in México: a personal view. In  Ramamoorthy T. P., Bye R., Lot A. & Fa J. (eds). Biological diversity of México: origins and distribution. Oxford University Press. New York. 733-753 p.    

Iltis H. H. (2000). Homeotic sexual translocation and the origin of maize (Zea mays,  Poaceae): a new look at and old problem. Economic Botany 54 (1): 7-42.

Ladizinsky G. (1985). Founder effect in crop-plant evolution. Economic Botany 39 (2) 191-199 p.

Ludlow-Wiechers B. & Ayala-Nieto M. L. (1992). Polen de plantas utilizadas en Mesoamerica. In Darwin P. S. & Weldwn L. A.   Biogeography Mesoamerica:

     proceedings of a symposium. Tulane University. New Orleans.

Maass J. M. (1995). Conversion of tropical dry forest to pasture and agriculture. In  Bullock S. T., Mooney H. A. & Medina E. (eds). Seasonally tropical dry forests.

     Cambridge University Press. Cambridge. 399-422 p.

Malde H. E. (1964). Environment and man in arid america. In Bresler B. J. (ed) (1966). Human ecology: collected readings. Addison-Wesley Publishing Company, INC. Massachusetts. 104-119 p.

Mapes S. C. (1991). La importancia de las comunidades tradicionales en la conservación de los recursos fitogeneticos. In Ortega P. R., Palomino H. G.,

     Castillo G. F., González H. V. A. & Livera M. M. (eds). Avances en el estudio de los recursos fitogeneticos de México. Sociedad Mexicana de Fitogenetica A.C. México 155-172 p.

 

Meggers B. J. (1954). Environmental limitation on the development of culture. In Bresler B. J. (ed) (1966). Human ecology: collected readings. Addison-Wesley

     Publishing Company, INC. Massachusetts. 120-145 p.

 

Nee M. (1990). The domestication of Cucurbita (Cucurbitaceae). Economic Botany 44 (3 supplement): 56-68.

Pimienta B. E. (1990). El nopal tunero. Universidad de Guadalajara. México. 246 p.

Querol D. (s.a.) Genetic resources: a practical guide to their conservation. Zed Books London & Third World Network, Penang. 252 p.

Rendón B. & Núñez-Farfán J. (1998). Genética evolutiva del proceso de domesticación de las plantas. Bol. Soc. Bot. México 63: 131-151.

Rzedowsky, J. (1978). Vegetación de México. Edit.Limusa. México. 432 p.

Stein, P. L. y  B. M. Rowe. (1974). Physical Anthropology. McGraw-Hill Book Co. New York. 424 p.

Turner B. L. II. & Miksicek H. Ch. (1984). Economic plant species associated with prehistoric agriculture in the maya lowlands. Economic Botany 38 (2): 179-193.

Zola Báez M. G. (1992). Sistemas agrícolas prehispánicos en las zonas inundables de   Veracruz central. In Darwin P. S. & Weldwn L. A.   Biogeography Mesoamerica: proceedings of a symposium. tulane university. new orleans. 327-342 p.